A veces escribo intentando aclarar mi mente.
Me decepcionas Tumblr…
Me muero de miedo.
Odio estar obligado a sentirme bien. Tengo chingos de miedo.
Sé que a nadie le importa, pero me siento muy fucking solo.
En un par de días me iré de esta ciudad. Inventándome que encontraré algo mejor, que estaré mejor. Veré a mi familia y gente que me quiere, pero no dejaré de sentirme una basura. Y me odio por creer que es mi culpa.
Por creer que soy yo quien no puedo decirle a la gente cómo me siento. Que no son ellos, que sí les importa. Que estoy ahogándome con un vaso de agua.
Que si quiero puedo estar bien, y puedo quererme y no dejar que los fantasmas me humillen. Que si me voy me van a extrañar y les voy a hacer falta. Que soy importante. Que hay algo hermoso esperándome en algún lugar. Que sólo me falta decidir verlo. Que algún día todo va a estar mejor.
Te quiero. No como debo quererte, sino como he aprendido.
Así, bien fuerte a ratitos. Y de lejos cuando no sé qué decir,
porque contigo cada palabra cuenta.
A veces se me olvida cómo estar cerca.
Porque cuando estoy sobrio mi vida es un montón de lamentos,
y cuando estoy solo, en silencio,
comienzan a llegar todas esas cosas que no debo decir.
Que sueño con el río, con volar, con dormir.
Que no sé cómo seguir, o cómo vivir.
Si mañana habrá sol, o si en verdad está lloviendo.
Pero te quiero.
No porque haces algo,
porque aún si no lo hicieras te querría.
Sé que te vas triste a dormir porque no soy lo que esperas.
Y que te enoja que diga que no puedo,
o que no soy, o que no hago.
Que piense tanto en lo que pienso de mi, que no pueda pensar en mi.
Pero así te quiero, y a veces creo que no es suficiente.
Una sobredosis a cuentagotas.
Queriendo componer lo que no funciona en mi,
que termino con las piezas en las manos sin saber qué hacer.
Pero te quiero.
Cuando duermo, porque sé que estás aquí.
Cuando despierto porque me haces falta.
Cuando me quieres cerca, pero no tanto que te pueda asfixiar.
Cuando no puedo ni pensar, también te quiero.
“Cuídame esta noche. Tengo miedo de perderme.”— Prehistóricos
Vaya… Es posible que esta publicación incluya contenido para adultos y, por eso, la hemos ocultado.
Odio tener que odiar el frescor de los domingos de tarde, cuando viene tu recuerdo a mi memoria, cuando descubro que ya rato camino a cortos pasos y volteo de vez para ver si de casualidad no vienes corriendo detrás mio. Como el río que trotando en silencio voltea seductor y me susurra ven.
Odio tener que imaginar cómo sería si de pronto el fatuo ser se encontrara con el alma enloquecida del vapor fulminante de tu hola. Del enorme vano que crece mientras más avanzo sin darme cuenta que aún sigo en el mismo lugar. De sentir que ese frío tal vez no es sólo de nostalgia. Que esas olas aún me alcanzan a mojar cuando el diafragma se abre y queda expuesta la salada luz de la inocencia.
Odio tener que pensar en el sigiloso perfume del recuerdo que se acerca descendiendo sobre tus mejillas rojas por el calor de mediodía. Perfume que me guía sin tocarme al más puro estado en el que te encuentras en mi mente. Sin decir una palabra me miente cuando juega entre los surcos de tierra que se moja con la lluvia, cuando de pronto quiere aparecer. Cuando no se esconde porque tiene miedo. Cuando descubre que podría matarme y decide que no le importa. Que prefiere matar a verme en silencio relacionando palabras. Uniendo las notas silenciosas de la canción que jamás tarareamos. Venciendo a marchas forzadas al completo yo que se esconde bajo la sombra de una marquesina que también si quisiera podría protejerme de la lluvia, pero que en su decisión prefiere caer contra mí. Y bañar la tierra. Y bañar mi mente. Inundar del olor de tierra mojada los tristes espacios donde aún cabes. Donde podrías nadar tan libremente si quisieras. Donde podrías recibir de cara las lágrimas del cielo gris.
Odio tener que pasear en la lluvia cuando llueve afuera mientras por dentro mi casa se humedece con los deseos que ingenuo tuve mientras te vi acercarte silenciosamente. Mientras tocaba tu cara y me sonreías encantador. Mientras cerrabas los ojos y transcurría el más infinito de los instantes, para de pronto convertirse en dos charcos que entrando a mi mente seducían mis pensamientos y ahogaban mi existencia de melódicos gritos. Vestido de luces. Sacudiendo las enormes chispas. Jugando a reflejar el sol de mediodía del que me cubría en las marquesinas de teja cuando esperaba que pasara el tiempo para poder verte de nuevo.
A veces quisiera simplemente que el color intenso de tus fuegos angustiantes, monocromo descubriera en su impelente mar. Lastimado volviera de regreso al centro de la Tierra donde te escondes sin hablar. Sin pugnar asimilar el sonido de mi voz aullante en medio de la verde niebla. Escondida relatando la visión ardiente y desigual de tus increíbles sueños donde busco incansable hayar lugar.
Tengo un nudo en la garganta desde hace quince años.